Y llegó el día que pisamos la ciudad balnearia TOP del sur del Atlántico. Unos 15 años atrás había veraneado en Punta con mi familia. Recuerdo que hacía poco que estaba inaugurado el famoso hotel Conrad en la perla de Uruguay, pero al estar (totalmente) fuera de nuestro presupuesto, preferimos irnos a un camping en las afueras, cerca del puente de la Barra de Maldonado. Tengo muy buenas imágenes de aquel lejano verano, de las tardes en La Brava, los chivitos, la visita a la cercana isla Gorriti y las salidas al centro al atardecer. Incluso recuerdo que un día, estando en la playa, me invitaron al programa de televisión Man o Man que se emitía en aquel momento, y que conducía Horacio Cabak (alguien lo recuerda?), y no pude ir porque justo se nos terminaban las vacaciones. Ahora me da gracia, pero en aquel momento lo sentía una tragedia: qué nos costaba quedarnos un día más? Los años pasaron, y si bien Punta en aquel momento me deslumbró, hoy por hoy no sería un destino que elegiría para viajar durante el verano. Principalmente, porque uno crece, los gustos cambian, y el tipo de viajes que nos interesan en esta etapa de la vida, como acampar en un sitio relajado o pasar el día caminando por las playas casi desiertas de Rocha, distan mucho de lo que esta ciudad-balneario podría ofrecernos a ambos. Simplemente no encajaríamos ahí. Si explota el verano en un lugar, nosotros nos limitamos a huir en la dirección opuesta.

Pero aún sabiendo eso, cuando viajamos a Uruguay quisimos pasar por la ciudad más turística del país por dos motivos: en primer lugar, porque quería verla ahora, 15 años después, para notar lo cambiada que estaba (ella y yo, claro), y la segunda razón, para ir al puerto de Punta del Este, porque había leído que podían verse lobos marinos en libertad, y eso nos gustaba (principalmente, lo de “en libertad”).

Puerto de Punta del Este

Puerto de Punta del Este

Llegamos a Punta del Este, y la imagen fue similar a la que guardaba en mi memoria, aunque agregándole muchos edificios más, por todos lados. La ciudad estaba más bien tranquila. Aunque ya casi era verano, aún no había empezado la temporada. Faltaban un par de semanas para que explote el verano, con todo lo que eso conlleva: aparecen los chicos musculosos y bronceados al estilo baywatch con la tabla de surf bajo el brazo, las chicas con cuerpo de tapa de revista en bikini, los autos sofisticados, algunas “celebridades” de este lado del charco, eventos VIP de todo tipo, y las fiestas más TOP que se extienden hasta altas horas de la madrugada. Y a eso, hay que agregarle también la infaltable gran masa de turistas. Por suerte, aún no estábamos en esas fechas. De ser así, la hubiéramos evitado como sea (y ahí si, ni los lobitos nos hubieran hecho cambiar de rumbo). Pero verla tan serena nos hizo pensar que fuera de los abarrotados meses de enero y febrero, la ciudad es más auténtica y por ende, mucho más interesante, y nada tiene que ver con la Ibiza sudamericana que todos nos imaginamos al nombrarla.

puerto de punta

Encontrar el puerto, ubicado en la confluencia entre el Río de la Plata y el Océano Atlántico, no fue difícil. Se halla en una zona tranquila, donde se sitúan varios restaurantes de buen nivel. Hay algunos puestos donde puede comprarse pescado fresco y frutos de mar, pero lo más interesante de todo, y que fue la razón de haber llegado hasta allí, es tratar de divisar a los lobos marinos. Al principio parece que no va a ser nada fácil, pero en cuanto uno empieza a caminar entre veleros y lujosos yates amarrados en el puerto deportivo más importante de Uruguay, ve a la distancia cómo un par de lobos asoman en el agua. La emoción aumenta al divisar un nuevo ejemplar esperando cerca de los barcos pesqueros su ración diaria de comida, junto a las gaviotas que revolotean con el mismo fin, mientras otro grande (y bien grande!) aprovecha a dormirse plácidamente una siesta al sol, haciendo caso omiso al grupo de niños y turistas que deambulan, se acercan y posan para hacerse una foto con él.

Lobo de mar descansando

Lobo de mar descansando

barcos en punta

Puestos de pescado en el puerto

Puestos de pescado en el puerto

Esto sí que es vida...

Esto sí que es vida…

El pueblo del faro

Después de echarle un vistazo al balneario de Punta, uno podría caer en el error de creer que es el lugar más TOP de Uruguay y la región. Pero no. Hay un lugar muy cerquita, a unos 40 km de la península de Punta del Este que lo supera, concentrando todo el glamour de ricos y famosos, que construyeron sus grandes y lujosas mansiones veraniegas buscando un lugar íntimo, un poco más alejado del bullicioso centro turístico uruguayo. Se trata del pueblo de José Ignacio.

Faro de jose ignacio

Hace unos cuantos años el camino que unía al pueblo, conocido en aquel entonces por la buena pesca, con la ciudad balnearia, era desastroso y un tanto desolado, pero todo cambia y hoy en día los 40 km se realizan bordeando el océano por una excelente ruta con cada vez más construcciones mirando al mar.

Los que somos low-cost, y no tenemos ni el status, ni el dinero como para contar con una mansión en la zona, ni para pagar alguno de los caros alojamientos o exclusivos restaurantes del lugar, siempre tendremos la posibilidad de ir a pasar el día a alguna de sus playas, o subir al faro que es el ícono de José Ignacio.

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El pueblo está localizado en una estrecha península de 2 km de largo que se interna en el mar, en cuyo extremo se sitúa el faro construido en 1877. Su presencia domina el panorama costero, y delata en forma implícita que los naufragios no eran extraños en estas rocosas costas. Se puede pagar una entrada para acceder al faro, pero si se llega hasta acá, no hay mejor plan que sentarse a contemplar el mar desde alguna de sus numerosas rocas, esperando que el sol se esconda allá a lo lejos.

faro jose ignacioo

Datos útiles para visitar el Puerto de Punta del Este y a sus lobos marinos:

  • La entrada al puerto es gratuita y está abierto a todo público.
  • Las horas cercanas al mediodía son las mejores para poder ver a estos simpáticos animales.
  • Otra opción para ver una gran colonia de lobos marinos, es navegar hasta la isla de Lobos, a menos de una hora de Punta del Este. Desde el puerto salen embarcaciones, pero hay que tener en cuenta que el desembarco en la isla está restringido.
  • No nos alojamos en Punta del Este, y ser una ciudad considerada “top” la convierte en bastante cara. Pero si quieren dormir ahí, acá hay algunas opciones  para que comparen precios. Si por el contrario, prefieren darse un gusto o quedar muuuy bien con su pareja, a 10 km del centro y de cara al mar está el famoso hotel Casapueblo, diseñado por el artista Paez Vilaró. Allegados nuestros que durmieron en él, volvieron súper conformes (y no es para menos!)