Basta nombrarla para que vengan a nuestra mente imágenes de calles coloniales plagadas de siglos de historia, murallas, leyendas de piratas, pintorescos balcones de madera tallada, historias de García Marquez, castillos, y la brisa del Mar Caribe con sus playas y hermosos atardeceres. Todo esto es Cartagena de Indias. Y mucho más.

cartagena de indias

Fundada en 1533 por Pedro de Heredia, fue uno de los más grandes puntos de comercio (principalmente de esclavos) debido a su situación estratégica en el Caribe, convirtiéndose así en el principal puerto de la Monarquía Hispánica de la región. Esto la hacía muy atractiva a la mirada de piratas, ingleses y franceses, con lo cual fue necesario desarrollar un gran sistema defensivo, con diferentes fortificaciones que rodearían la ciudad.

¿Por qué “la Heroica”?

En 1811, los cartageneros declararon la independencia de España, pero Pablo Morillo tenía el objetivo de reconquistarla, y en 1815, declaró un estado de sitio en la ciudad, que se mantuvo durante 105 días, lo que ocasionó 10000 muertos, a causa del hambre y las epidemias. Debido a la resistencia hasta la muerte ante los españoles, la ciudad recibió el título de “Cartagena de Indias, Ciudad Heroica”.

Llegando a Cartagena…

Nuestro avión procedente de la ciudad de Panamá, aterrizó entrada la noche en esta ciudad declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco y centro turístico por excelencia del caribe Colombiano. Cambiamos algo de dinero en el aeropuerto y nos tomamos el taxi que nos llevaría por 9400 COP (pesos colombianos. Pueden ver el cambio actualizado aquí) al centro histórico, donde se encontraba nuestro alojamiento. Llegamos al Hotel El Viajero y grata fue nuestra sorpresa al descubrir que por un malentendido con el horario de nuestra llegada, habían dado de baja nuestra reserva. Cuando ya nos imaginábamos caminando por toda Cartagena a medianoche, buscando un lugar para dormir, nos ofrecieron quedarnos por esa noche en una habitación para cuatro personas. Asi que derecho a la cama, que hacía casi dos días que no dormíamos en una, y había sido un día largo.

Qué ver en Cartagena (o qué es lo que nosotros vimos)

Día 2: Recorriendo el corralito de piedra

Nos levantamos temprano y, mapa en mano, salimos a caminar a paso lento por el centro histórico, también llamado “corralito de piedra”. La ciudad recién comenzaba a despertarse, lo que nos permitió disfrutar de calles casi desiertas.

mapa cartagena

Mapa de Cartagena de Indias

Empezamos el recorrido por la Torre del Reloj, símbolo de la ciudad, y puerta de entrada a la parte antigua. Bajo sus arcos, los  vendedores ambulantes de libros y discos viejos comenzaban a instalar sus puestos.

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Torre del Reloj

Lentamente la ciudad iba llenándose de vida, pero a un ritmo poco habitual por ser Viernes Santo. Bastó pasar la puerta del Reloj, para encontrarnos con la Plaza de los Coches, lugar donde se realizaba el comercio de esclavos en la antigüedad.  Bajo sus arcadas, está el Portal de los Dulces , donde pueden comprarse los típicos dulces cartageneros. Fue difícil al caminar por aquí no recordar una escena del programa de TV Amazing Race, en donde debían cumplir una prueba que consistía en comer un frasco lleno de estos dulces, y llegó un momento que todos  estaban descompuestos de tanto empalago. Muy ricos los dulces, pero a consumirlos con moderación!

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Plaza de los Coches

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Portal de los Dulces

Bordeando la muralla, llegamos primero a la Plaza de la Aduana, y luego a la Plaza de San Pedro Claver,  que cuenta con diversas esculturas del artista Edgardo Carmona, y desde donde se visualiza una típica postal cartagenera.

Cuando estábamos por acceder a la Iglesia del mismo nombre, vemos y oimos a una señora bajita que desde el interior de la misma, y viniendo a nuestro encuentro, aceleradamente grita: “Eh! Tú! si, tú! que eres alto! ven aquí, ven, ven! sígueme!”.  Da media vuelta, y se vuelve. Sin entender demasiado la situación, nos miramos el uno al otro con cara de “me hablará a mi?”, y optamos por seguir a la mujer que, a estas alturas, ya estaba llegando al altar.

Al acercamos, nos explicó que necesitaba de los 192 cm de altura de Lau para encender una velas, que se encontraban en unos candelabros altos, ya que en pocos minutos venía la procesión del Viernes Santo. Ningún problema, a colaborar se ha dicho. Pero, ¿son TODAS esas velas? Sí, sí. Todas. Y así fue como Laureano realizó su buena acción de Semana Santa. La mía fue fotografiar el momento para que quede constancia.

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Encendiendo velas

Plaza San Pedro Claver cartagena

Plaza San Pedro Claver

Sabemos que todo buen acto desinteresado tarde o temprano tiene su recompensa,  y así fue como esta buena mujer nos explicó la historia de la Iglesia, que fue fundada por Jesuitas en la primera mitad del siglo 17 en memoria de San Pedro Claver (1580-1654), quien protegía a los esclavos y bautizó a más de 300000 indígenas. Actualmente está enterrado bajo el altar mayor. Como era Viernes Santo, estaba cubierto por tules, y no se lo podía ver.  También nos dejó ingresar por la Sacristía al museo-convento, donde vimos piezas de arte religioso y los lugares que frecuentaba el Santo. Continuamos la caminata con rumbo a la zona de San Diego,  también dentro de la ciudad amurallada, pero es un área más tranquila, llena de pequeños bares y restaurantes con buen ambiente. En el trayecto nos cruzamos con el Via Crucis que recorría el centro histórico.

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Via Crucis

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San Diego

Finalmente, volvimos sobre nuestros pasos para dirigirnos a la Plaza de Bolívar, en donde se  puede visitar a un lado de la misma el Museo del Oro, y del otro, el Palacio de la Inquisición. Eligimos la primera opción, ya que la segunda la dejaríamos para después del almuerzo.

museo del oro cartagena

Museo del Oro

El Museo del Oro del Banco de la República es de entrada libre y gratuita. Por orden de llegada, van dejando pasar a pequeños grupos de personas para que observen las piezas de oro y cerámica expuestas de las principales culturas precolombinas, principalmente de la cultura Zenú. Es realmente impresionante ver como trabajaban tan minuciosamente el oro, creando piezas con unos detalles dignos de ser vistos. Es una visita interesante, no solo por ser “gratis”, sino también porque nos permite conocer un poco más de la cultura que habitaba estas tierras hace más de 1000 años.

Era el mediodía y la caminata ya se hacía difícil bajo el sol fuerte del Caribe. Qué mejor que pasar estas horas del día sentándonos a almorzar comida regional en el Paseo de la Proclamación.

Palenquera

Allí se estaba realizando por 3 días bajo unas grandes carpas blancas, la Gastronomía Bolivarense de Semana Santa, en donde varias mujeres y hombres cartageneros cocinaban en grandes ollas las mejores recetas tradicionales de la región. El sistema era simple: uno recorría los distintos puestos para analizar el arte culinario colombiano, y cuando se decidía  por algun plato en particular, simplemente lo solicitaba en el puesto correspondiente y se sentaba en unas largas mesas dispuestas alrededor del mismo a disfrutarlo. Nosotros obviamente hicimos eso. Y nos encantó. Y como si fuera poco, cumplío a la perfección la “regla de las 3 B”: Bueno, Bonito y Barato. Aprovechamos la ocasión para probar varios platos diferentes, lo que nos permitió hacernos una idea de la comida de la región. Pero la Gastronomía Colombiana será tema de otro post.

Gastronomia Bolivarense Cartagena

Gastronomia Bolivarense

La comida la acompañamos con jugo de tamarindo, que básicamente lo pedimos porque era nuestra oportunidad de probar el jugo que el “Chavo del 8” vendía en la vecindad, en aquel famoso capítulo que vimos tantas veces en nuestra infancia (y de grandes tambien) que el Chavo decide abrir un negocio de aguas frescas, preparadas con agua de lluvia, y los sabores que ofrece son Jamaica, Limón y Tamarindo, pero aclarando a todos los clientes que “el que parece de Limón, es de Jamaica, pero sabe a Tamarindo” (este capítulo puede verse aquí). Por fín nos sacaríamos la intriga de cómo era! y ahora podemos afirmar que es rico, bien dulce. Eso si:  si en realidad parecía jugo de Tamarindo, pero era de Limón, y tenía gusto a Jamaica, ya no podemos asegurarlo, pues el de Jamaica tampoco lo conocemos (por ahora…). La metodología para servirlo, igualita a la del Chavo: baldes con jugos de diferentes sabores, y te servían el gusto elegido con un cucharón en un vaso de plástico. Durante 2 vasos, nos sentimos en la bonita vecindad. Sólo faltaba que apareciera el Señor Barriga a cobrarnos la renta de la habitación que aun no habíamos pagado por falta de cambio.

Como aún el sol partía la tierra, nos fuimos a un supermercado para comprar algunas cosillas que nos hacían falta , y para ver qué hay de diferente en un super colombiano (esas frutas, galletitas, bebidas, que en Argentina no hay) y de paso, para  comparar los precios de Cartagena con los de nuestro país. Acá van algunos ejemplos:

  • Coca Cola de litro: 1800 COP
  • Agua Mineral de 1.5 L: 2400 COP
  • Agua Mineral chica: 1300 COP
  • Paquete de Yuca frita: 2190 COP
  • Galletitas Club Social: 2800 COP
  • Lata de Cerveza: 1650 COP

Luego nos fuimos al Palacio de la Inquisición (precio de la entrada: 12000 COP por persona), ya que en Cartagena de Indias se instaló en 1610 el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, para juzgar los delitos en contra de la fe cristiana.

El palacio-museo es una casa construida en el siglo 18 para que funcionara el Tribunal y actualmente se pueden ver los cuarteles de la inquisición y la cámara de torturas.

Mesa de Torturas

Para ser el primer día completo en la ciudad, sentíamos que ya habíamos recorrido bastante (aunque nunca es lo suficiente!) entonces decidimos irnos hacia el hotel, para darnos una ducha y salir a caminar con el atardecer.

Habíamos leído que un buen punto para disfrutar de la puesta del sol, era el Café del Mar, en uno de los baluartes, asi que hacia allí partimos. Nos elegimos la mesa mejor ubicada que encontramos disponible, ya que al ser un lugar tan conocido entre los viajeros, las ubicaciones “top” al borde de la muralla, estaban ya ocupadas. Pedimos dos piñas coladas, y nos relajamos con la hermosa vista del sol ocultándose en el mar que “la heroica” nos regalaba.

Atardecer en el mar - Cartagena

Atardecer en el Mar

Cuando anocheció, fuimos a cenar unas tapas a un restaurant del centro histórico, llamado La Mediterránea, y tuvimos la oportunidad de compartir por unos instantes la historia de la moza que nos atendió: una argentina que hacía meses estaba viajando por sudamérica, junto con unos amigos, y trabajaba por el camino para autofinanciarse el viaje.

Caminamos un poco por las preciosas calles alumbradas por faroles coloniales,  recorrimos algunas Iglesias abiertas y llenas de gente por ser Viernes Santo, y nos fuimos a dormir. Mañana sería otro día, y aún nos quedaban muchas cosas por descubrir.

Día 3: Las murallas y el Castillo de San Felipe

Nos levantamos temprano y salimos a caminar por el corralito de piedra. Nuestro objetivo del día era recorrer los casi 11 kilómetros de murallas que rodean a la ciudad, las cuales empezaron a construirse en 1587, pero recién fueron terminadas en 1796.

Pudimos acceder a las mismas a la altura del Museo Naval, y fuimos caminando siempre con el mar a nuestra izquierda.  A medida que avanzábamos, mirábamos a ambos lados de la muralla, y si algún sitio nos llamaba la atención, simplemente descendíamos y nos acercábamos para contemplarlo más de cerca. Así hicimos con el bello Teatro Heredia, con la casa color terracota del premio Nobel Gabriel García Márquez, y con cada callecita que nos deslumbraba con sus casas y balcones coloniales llenos de flores. Es un trayecto muy lindo para realizar a pie, pero recomendamos hacerlo en horas de la mañana temprano, o a la tardecita, con ropa cómoda, protector solar, agua y gorro, ya que el sol es abrasador.

Finalmente, llegamos hasta las 23 bóvedas, que desde que se construyeron a finales del siglo 18, fueron utilizadas con muy diversos fines: originalmente, fue para alojar tropas militares y municiones, luego las utilizaron como cárceles, y hoy en día, en cada bóveda hay un negocio de artesanías típicas, que recorrimos muy detenidamente.

murallas Cartagena

Desde la muralla pudimos observar que el Castillo (o Fuerte) de San Felipe de Barajas, no parecía encontrarse demasiado lejos. Pensábamos visitarlo en otro momento, en taxi o bus, porque habíamos leído que la zona no era muy segura, pero dadas las circunstancias, decidimos hacer el intento de ir a pie.

Caminamos un poco más bordeando la muralla, pasando por delante de la estatua de la India Catalina, que según cuenta la historia fue una indígena llevada a Santo Domingo como esclava y que el fundador de Cartagena, Pedro de Heredia, la trajo de regreso para utilizarla como traductora, y así sirvió como pacificadora entre las tribus.

Luego llegamos al Puente Heredia, donde una mujer nos indicó el camino más recomendable para cruzar al otro lado, en dirección al Fuerte.  Cruzamos el puente más grande, y nos encontramos con un puesto policial, donde volvimos a preguntar, por seguridad, qué camino nos recomendaban seguir, a pesar que nuestro destino se veía muy cercano. Tres cuadras más y teníamos ante nuestros ojos la edificación militar más grande que hayan construido los españoles en sus colonias.

Castillo de San Felipe Cartagena

Castillo de San Felipe

El Castillo de San Felipe se construyó entre 1639 y 1657, pero en 1762 fue ampliado. En esta zona no hay un árbol a la redonda, y el sol era tan fuerte al mediodía que sentía que me iba a desplomar en cualquier momento, por lo que no tuve otra opción que comprarme una gorra y mucha agua. Era eso, o volver en otro momento, cuando el sol estuviera más débil y la humedad no fuera tan dura (difícil tratándose de Cartagena).

Recorrimos el exterior del Fuerte, desde donde se tiene una vista muy agradable de toda la ciudad, y luego ingresamos a todos los pasadizos laberínticos que encontramos. Recomendaban ingresar a las vías subterráneas con guía, pero no lo creímos necesario. Y ya ven que aquí estamos y no nos hemos perdido. Los pasadizos son muy angostos, con distintos desniveles en forma de rampa, algunos no tienen salida, y en ciertos trayectos están húmedos, poco iluminados y hasta inundados, por lo cual aconsejamos caminar con mucha precaución porque la piedra se torna muy resbaladiza.

bandera colombia

Cuando ya nos íbamos a retirar de esta zona, recordamos que el Monumento a los Zapatos Viejos se encuentra detrás del castillo, lo que hizo que lo bordeáramos hasta dar con ellos. Son un homenaje al poeta cartagenero Luis Carlos López que dijo que quería a Cartagena como uno quiere a sus zapatos viejos. Y el monumento dió lugar a sacar algunas fotos graciosas.

Zapatos Viejos

Volvimos caminando hacia el centro histórico, atravesando el barrio Getsemaní, antiguamente habitado por esclavos y con un enorme Centro de Convenciones,  donde nos detuvimos a almorzar  (un poco tarde) un sandwich y unos tallarines en el económico Café Medialuna, rodeados de mochileros de distintas partes del mundo.

A pesar del cansancio, optamos por bañarnos para sacarnos un poco el calor, dormir una siesta, y luego dirigirnos hacia el barrio turístico de Bocagrande, a 25 minutos caminando. El trayecto no fue muy lindo, porque casualmente estaban arreglando la carretera, pero aún así, cuando llegamos a la zona donde comienza Bocagrande, pudimos ir caminando por la costanera, viendo  la playa (que nos pareció bastante más linda de lo que creíamos), y el atardecer en el mar, lo cual no tiene precio.

Aprovechamos la ocasión para probar, por primera vez en el viaje (luego se haría una costumbre) el famoso Café Juan Valdez. Para cargar energías, tomamos un café, un frappé y una porción de torta de chocolate, y todo fue delicioso. Luego seguimos caminando a lo largo de toda la Avenida San Martín, principal arteria llena de restaurantes, hoteles, negocios y puestos de artesanía, hasta llegar al famoso Hotel Caribe que marca el final de Bocagrande. Regresamos por la Avenida Malecón y nos detuvimos a cenar unas arepas típicas de jamón y queso, y de vegetales (riquísimas!) con una cerveza Club Colombia. Antes de tomarnos un taxi para volver a dormir al corralito de piedra, nos dimos el gusto de probar un rico helado de Crepes & Waffles.

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Día 4: Barrios de Getsemaní y Manga

Desayunamos temprano en un barcito Juán Valdéz que descubrimos a media cuadra del hotel, en pleno centro histórico, frente a lo que era el Convento de San Agustín, hoy Universidad de Cartagena. Por supuesto, desayunar allí, con semejante calidad de café, es un placer que no se tienen todos los días, y hay que aprovecharlo mientras dure.

Cafeteria juan Valdez

El mejor café del mundo

Este día quisimos ir a conocer caminando el barrio de Manga, un poco más alejado del centro. Previamente, dimos nuestro tradicional paseo matinal por el corralito de piedra, para disfrutar de algunos rincones y lugares que nos interesaban, y que aún  se encontraban sin el tumulto de turistas, debido a la hora.

Descubrimos que hay una Cartagena a las 7 am, desierta, recién despertándose, otra Cartagena tomando color y ritmo de ciudad caribeña a las 10 am, y otra Cartagena el resto del día, cuando se llena de grupos de turistas. También vimos Cartagenas diferentes según el día.  El ambiente de la ciudad en los días de Semana Santa creímos erróneamente que eran “la realidad”, pero cuando terminó esta semana conocimos el verdadero ritmo cartagenero, y nos quedamos con ganas de poder disfrutarlo por más días.

Cartagena bella- qué ver en cartagena

Cartagena bella

Recorrimos nuevamente las calles que más nos habían gustado, como si empezáramos a despedirnos de la ciudad que nos había cautivado.

Plaza San Diego Cartagena

Vida cotidiana en la Plaza San Diego

Fuimos desde la Plaza Santo Domingo,  zona de bares y restaurantes colmados de gente por la noche y donde se encuentra Gertrudis, una simpática gorda de Botero, hasta la Plaza de San Diego, en el distrito del mismo nombre, pasando por  la Bodeguita del Medio cartagenera, que nos hizo sentir nostalgia de nuestra querida Habana, y por la Catedral, que cuenta con una historia larga, ya que se construyó 2 veces, y se reconstruyó 3, porque fue parcialmente destruída por el pirata Drake.

En la Plaza de San Diego, nos sentamos un rato en sus bancos coloniales a observar la vida cotiana de los cartageneros que por allí pasaban y a disfrutar el aire no tan fresco de la mañana. Luego fuimos hasta el antiguo Convento de Santa Clara, hoy en día convertido en un lujoso hotel, en una de las esquinas de la plazoleta, y el cual es nombrado en la novela “Del Amor y Otros Demonios” del Nobel colombiano Gabriel García Marquez (que tiene su casa a una cuadra de este lugar).

La Bodeguita del Medio Cartagena

La Bodeguita del Medio

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Gorda de Botero

Emprendimos el rumbo hacia el barrio Manga, atravesando los distritos de La Matuna (área financiera de la ciudad)  y Getsemaní. Al cruzar el primero, nos acercarnos hasta el puesto callejero de ceviche de Sincelejo, que es el el más popular de la ciudad, y probamos un sabroso cóctel de camarones. Una vez llegados a la isla de Manga, nos dedicamos a recorrer sus calles arboladas, con construcciones de hermoso estilo, y el área de la costa, desde donde se tiene una preciosa vista de la zona de Bocagrande, justo al otro lado de la bahía.

Vista de Bocagrande desde Manga

Vista de Bocagrande desde Manga

Cuando regresamos, comimos unos sandwiches en Getsemaní, en el mismo lugar que el día anterior, y luego de una merecida siesta en el hotel, salimos a buscar algun sitio para cenar.

Calle de Getsemaní - qué ver en cartagena

Calle de Getsemaní

Luego de muchas vueltas sin decidirnos por algun lugar en concreto, optamos por ir caminando hasta Bocagrande, que para comer es bastante más económico que el centro histórico. Elegimos sentarnos en el  acogedor jardín de Crepes & Waffles, donde comimos muy bien por 40000 COP, con postre incluído. Después de caminar por Bocagrande a modo de despedida, volvimos en taxi a nuestra zona predilecta, y dimos un último paseo nocturno por las callecitas cartageneras iluminadas exquisitamente por faroles coloniales, con coches tirados por caballos, palenqueras vendiendo fruta fresca y fachadas coloniales con balcones de ensueño, yéndonos a dormir con el sentimiento de que 4 días en esta bella ciudad, nos habían sabido a poco…

Ahora el Parque Tayrona nos esperaba…

qué ver en cartagena

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INFORMACIÓN  ÚTIL PARA VISITAR CARTAGENA, en COLOMBIA

* Dinero: en Colombia la moneda oficial es el peso colombiano (COP). Cuando fuimos el cambio era 1 US$ = 1850 COP. Para ver el cambio actual, pueden consultarlo aquí.

* Cómo llegar a Cartagena? A menos que ya estés en Colombia, la forma más rápida para llegar a esta bella ciudad es el avión. Varias compañías vuelan allí, con escala generalmente en Bogotá o Panamá (como fue nuestro caso). Podés buscar los vuelos más baratos a Cartagena desde aquí. Tendrás sólo que seleccionar de qué ciudad deseas salir, y luego ver cuál es la mejor tarifa para el mes que estás buscando viajar, llegando hasta el último paso para ver si los precios se mantienen (es decir, si son finales, con tasas incluídas). Por ejemplo, al momento de escribir ésto, desde Argentina lo más barato para volar dentro de dos meses a Cartagena es saliendo desde Mendoza. Pero ésto varía constantemente, chequeen! Una linda extensión si van a Cartagena, es ir a la isla de San Andrés, pueden leer todo lo que escribirmos de la isla aquí.

* Cómo movilizarse por la ciudad? Lo mejor, sin dudas, es caminando. Es una ciudad hermosa para conocer a pie. Como referencia, del aeropuerto hasta la torre del reloj, un taxi cuesta entre 9000 y 10000 COP, y de Bocagrande a la Torre, 5000 COP.

* Dónde dormir?: Hay muchos hoteles en el centro histórico, y generalmente son los más caros, al igual que en Bocagrande, el área más moderna de la ciudad. Una zona que ofrece alojamientos más económicos para dormir, es la de Getsemaní, que queda muy cerca de los puntos de interés, aunque los lugareños nos han indicado que hay que tener un poco más de cuidado por la noche. Pueden ver/comparar/reservar diferentes alojamientos desde aquí.

* Dónde comer?: como es de esperar, los restaurantes del centro histórico no son baratos. Por lo general, una cena básica para dos arranca de 50000 COP para arriba. En Getsemaní, se puede almorzar o cenar por 20000 COP para dos. Si se compra comida en la calle, se consiguen platos por 5000 COP. La zona de Bocagrande tiene más opciones y es más económica que el centro histórico para comer. Por ejemplo, hay locales que venden arepas desde 3500 COP. En cuanto a las bebidas, la cerveza chica ronda los 2500 COP al igual que la gaseosa, pero en un supermercado podemos conseguirlas desde 1600 COP. Si hace mucho calor y queremos tomarnos un helado, las dos bochas cuestan unos 3500 COP. Lo que sí o sí hay que probar, es un café colombiano en Juan Valdéz por 2000 COP. Riquísimo!!

* Qué visitar?: lo más lindo de Cartagena es perderse por sus calles, pero algunas visitas interesantes son el Museo del Oro, con entrada gratuita, el Palacio de la Inquisición a 12000 COP, y el Fuerte de San Felipe a 15000 COP. No pueden dejar de recorrer las murallas de la ciudad por arriba, que es gratis y ofrece unas vistas hermosas!