[Datos útiles al final del post - Actualizados en febrero 2015]

Todo comenzó una calurosa mañana de domingo cuando discutíamos sobre cuán monótona se hace a veces la vida cuando no estamos viajando, por falta del dichoso tiempo para hacer lo que verdaderamente nos gusta. En eso estábamos, mate de por medio, cuando de repente nos miramos y se nos cruzó una pregunta clave: por qué no habíamos aprovechado el finde largo de fin de año (valga la redundancia) para irnos por ahí? Silencio, miradas y mutua cara de pocker. La realidad es que no se nos había ocurrido. No entendemos cómo se nos pudo pasar una oportunidad así. Suena trágico, y podemos jurar que lo fue, al darnos cuenta de esos 4 días tirados a la basura, simplemente por “no darnos cuenta“. Estaba totalmente enfadada conmigo misma, hasta que unos minutos después, se nos iluminó el rostro a ambos: y si nos vamos ahora? Aún quedaban dos días por delante, no era cuestión de también desaprovecharlos! No había tiempo de organizar demasiado, ya que sería algo 100% improvisado, lo cual le agregaba un condimento a toda la cuestión. Decidido! En dos horas, nos preparamos unos sándwiches para el almuerzo, googleamos algunos campings, buscamos la carpa con todos los elementos para acampar, conservadora, hielo, bebidas, protector solar, equipo de mate, repelente, una muda de ropa, un libro para cada uno, los sillones y partimos hacia algún lugar de Entre Ríos.

Salir a la ruta, cambió los ánimos y ya nos devolvió la sonrisa a ambos. Sin planearlo, sin buscarlo, estábamos viajando! Y lo mejor de todo es que surgió de una conversación no muy alegre, con lo cual fue el doble de positivo!

Terminamos finalmente en Victoria, una ciudad que en el último tiempo creció mucho, desde que se realizó una ruta que la une rápidamente con Rosario, en Santa Fe, y desde que funciona un gran hotel Casino, ubicado en lo alto de una loma a la ribera del río, que convoca mucha gente que va a saciar sus vicios. La ciudad es más bien tranquila, pero ofrece diversos atractivos. Cuenta con una no muy extensa y linda costanera donde se puede ir a tomar mate, a caminar,  a ver el atardecer o disfrutar del balneario durante los meses de calor, ya sea tomando sol  o con algún chapuzón en el riacho. Otra opción para disfrutar del agua, en cualquier temporada, es en el parque acuático y termal Victoria del Agua.

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La zona del centro es de calles estrechas, casas bajas y antiguas, lo cual denota la larga historia de esta población entrerriana. Por la noche, hay unos cuantos bares en los alrededores de la plaza principal, donde ir a comer o tomar algo. Otros sitios de interés que pueden visitarse, son la Abadía del Niño Dios, en las afueras de la ciudad, que se trata del primer monasterio benedictino de Hispanoamérica, y el Monte de los Ombúes, una colina donde se encuentran varios de estos hermosos ejemplares.

Nosotros nos ubicamos en el camping municipal Brassesco, que está en la zona del puerto. Nos quedamos ahí porque nos gustó que tenía bajada al río, sumado a que era muy barato.

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El camping estaba bastante lleno, o al menos, las sombras de los árboles donde colocar la carpa estaban casi todas ocupadas. Dimos una vuelta tratando de elegir un lugar, y encontramos justo un sector con sombra y sin carpas alrededor. Fantástico. Muy contentos armamos rápidamente la carpa, sacamos los silloncitos, el mate y los libros, y a leer!

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No pasó mucho tiempo hasta descubrir, muy a nuestro pesar, que la grandiosidad del sitio donde nos instalamos, no era tal. Por empezar, un olor muy fuerte a podrido llegaba cada vez que soplaba una brisa. Agradecíamos cada vez que se levantaba un vientito que nos calmaba el calor, pero acto seguido no aguantábamos el tedioso olor! Qué situación! Primero nos hicimos los ecológicos, adjudicando semejante aroma a la cercanía del río. Más tarde comprobamos que la cosa venía por otro lado: armamos la carpa al lado de los desechos cloacales. Claro, con razón ahí no había nadie. Todo es por algo! Dudábamos entre si trasladar todo, o no. Como una señal enviada del cielo para apurarnos a tomar una decisión, llegaron unos amigables vecinos que colocaron cuartetazo a todo volumen. Y así, al ritmo de un romántico “sólo te puedo decir, que me cagaste la vida… que me dejas solo y ahora te marchas con él, y ahora se que nunca seras mía, que eres mi historia prohibida, que me cagaste la vida”, decidimos mudarnos definitivamente a otra parcela (juro que busqué en youtube la canción con esta letra tan emotiva y profunda, para colocar aquí el link, pero al volverla a escuchar, decidí que mejor paso. Al que le interese buscarla, ya podrá imaginarse cual es el nombre de esta tierna canción 😉 )

Tuvimos suerte que había gente que se estaba yendo, y así encontramos otra sombrita, mucho mejor ubicada que la anterior, más cerca del río, y sin empalagarnos innecesariamente el olfato ni nuestros oídos.

La tarde pasó muy tranquila. Vimos el atardecer sobre las islas, a la gente pescando y nos relajamos hasta quedarnos casi dormidos con el fresco de la noche.

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Hermoso atardecer sobre el rio

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A la mañana siguiente, mateamos bajo un árbol cercano al río, y las horas se nos pasaron leyendo, charlando, y observando a los lugareños navegar en sus canoas por el canal, y a los acampantes intentar pescar algo para el almuerzo. Finalmente, regresamos a casa por la tarde, felices de esta improvisación que había salido tan bien, y contentos de haber terminado el último día del 2012 de esta manera. Ahora tocaba recibir el 2013 en compañía de la familia…

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Los pescadores

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El infaltable mate

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Caballos cruzando a nado el río

DATOS ÚTILES Y PRECIOS PARA ACAMPAR EN VICTORIA [Actualizado 02-2015]

* Victoria está 120 km al sur de Paraná, o a 60 km de Rosario.

* Nosotros en el 2012 paramos en el Camping Municipal Brassesco, cerca del puerto. Los fines de semana, al parecer, hay bastante gente. Cuesta $20 por persona ($15 los menores), y no cobran ni la carpa ni el vehículo. Si no tenés, ahí mismo te alquilan la parrilla (aunque no es barato). Los baños están acordes a lo que se paga. Hay agua caliente sólo en ciertos horarios. Hay una proveeduría donde venden cosas básicas y dan agua para el termo por $2. También tienen lombrices para quien quiera pescar. Cuando intentamos volver en febrero de 2015, descubrimos que no está más. El lugar ahora es un espacio verde público, y en teoría está prohibido acampar, aunque había unos cuantos haciéndolo. Hay que tener en cuenta que los baños que quedaron de otras épocas, al no tener mantenimiento, son calamitosos.

* Dicho esto, hoy en día vimos que quedan otras tres opciones para acampar: una se llama Complejo el Ceibo, que fue donde elegimos quedarnos. Es un predio grande, de unas cuantas hectáreas, con zonas de camping, de dormis y de cabañas. Los baños están bastante bien, y el lugar tiene piscina incluída en la tarifa. La desventaja es que no está sobre el río, y de hecho, está bastante lejos. Los precios para acampar en temporada alta son: $100 por persona, más $20 por vehículo (febrero 2015). Las otras dos opciones, son más cercanas a la costanera: una es un camping pequeño llamado El Timonel, y la otra es un predio con cabañas y viñedos, Colinas de Baco, que tienen un sector para acampar. Ambas opciones las descubrimos el último día, razón por la cual no podemos contarles cómo son las instalaciones ni las tarifas.

* Si no pretenden acampar, en Victoria cada vez hay más cabañas. Pueden consultar tarifas acá. Incluso hay un alojamiento de 5 estrellas: el Sol Victoria Hotel & Casino. En épocas de carnavales, es mejor reservar.